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La Vuelta de Martín Fierro
Author Language Character Set
José Hernández Spanish ISO-8859-1


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945

Y a éste por este motivo
y a otro por otra razón,
toditos, en conclusión,
sin que escapara ninguno,
jueron pasando uno a uno
a juntarse en un rincón.

946
Y allí las pobres hermanas,
las madres y las esposas
redamaban cariñosas
sus lágrimas de dolor;
pero gemidos de amor
no remedian estas cosas.

947
Nada importa que una madre
se desespere o se queje,
que un hombre a su mujer deje
en el mayor desamparo;
hay que callarse, o es claro
que lo quiebran por el eje.

948
Dentran despúes a empeñarse
con este o aquel vecino;
y, como en el masculino,
el que menos corre, vuela,
deben andar con cautela
las pobres, me lo imagino.

949
Muchas al Juez acudieron,
por salvar de la jugada;
el les hizo una cuerpiada,
y, por mostrar su inocencia,
les dijo: "Tengan pacencia
pues yo no puedo hacer nada."

950
Ante aquella autoridá
permanecían suplicantes,
y, después de hablar bastante,
"Yo me lavo"; dijo el Juez,
"Como Pilatos los pies:
esto lo hace el Comendante."

951
De ver tanto desamparo
el corazón se partía;
había madre que salía
con dos; tres hijos o más,
por delante y por detrás,
y las maletas vacías.

952
"¿Dónde irán?", Pensaba yo,
"¿a perecer de miseria?
Las pobres, si de esta feria
hablan mal, tienen razón;
pues hay bastante materia
para tan justa aflición."


XXVI

953
Cuando me llegó mi turno
dije entre mí: "Ya me toca",
y aunque mi falta era poca
no sé por que me asustaba;
les asiguro que estaba
con el Jesús en ia boca.

954
Me dijo que yo era un vago,
un jugador, un perdido;
que dende que fí al partido
andaba de picaflor;
que había de ser un bandido
como mi antesucesor.

955
Puede que uno tenga un vicio
y que de él no se reforme,
mas naides esta conforme
con recebir ese trato:
yo conocí que era el ñato
quien le había dao los informes.

956
Me dentro curiosidá,
al ver que de esa manera
tan siguro me dijera
que jué mi padre un bandido;
luego, lo habrá conocido,
y yo inoraba quien era.

957
Me empeñé en aviriguarlo;
promesas hice a Jesús;
tuve por fin una luz
y supe con alegría
que era el autor de mis días
el guapo sargento Cruz.

958
Yo conocía bien su historia
y la tenía muy presente:
sabía que Cruz, bravamente,
yendo con una partida,
había jugado la vida
por defender a un valiente.

959
Y hoy ruego a mi Dios piadoso
que lo mantenga en su gloria;
se ha de conservar su historia
en el corazón del hijo;
el al morir me bendijo
yo bendigo su memoria.

960
Yo juré tener enmienda
y lo conseguí de veras;
puedo decir ande quiera
que, si faltas he tenido,
de todas me he corregido
dende que supe quién era.

961
El que sabe ser güen hijo
a los suyos se parece;
y aquel que a su lado crece
y a su padre no hace honor,
como castigo merece
de la desdicha el rigor.

962
Con un empeño costante
mis faltas supe enmendar;
todo conseguí olvidar,
pero, por desgracia mía,
el nombre de Picardía
no me lo pude quitar.

963
Aquel que tiene güen nombre
muchos dijustos se ahorra,
y entre tanta mazamorra
no olviden esta alvertencia:
aprendí por esperencia
que el mal nombre no se borra.


XXVII

964
He servido en la frontera
en un cuerpo de milicias;
no por razón de justicia
como sirve cualesquiera.

965
La bolilla me tocó
de ir a pasar malos ratos
por la facultá del ñato,
que tanto me persiguió.

966
Y sufrí en aquel infierno
esa dura penitencia,
por una malaquerencia
de un Oficial subalterno.

967
No repetiré las quejas
de lo que se sufre allá:
son cosas muy dichas ya
y hasta olvidadas, de viejas.

968
Siempre el mesmo trabajar,
siempre el mesmo sacrificio,
es siempre el mesmo servicio,
y el mesmo nunca pagar.

969
Siempre cubiertos de harapos,
siempre desnudos y pobres,
nunca le pagan un cobre
ni le dan jamás un trapo.

970
Sin sueldo y sin uniforme
lo pasa uno aunque sucumba:
confórmese con la tumba;
y si no... No se conforme.

971
Pues si usté se ensoberbece
o no anda muy voluntario,
le aplican un novenario
de estacas... Que lo enloquecen.

972
Andan como pordioseros
sin que un peso los alumbre,
porque han tomao la costumbre
de deberle años enteros.

973
Siempre hablan de lo que cuesta;
que allá se gasta un platal:
¡pues yo no he visto ni un rial
en lo que duró la fiesta!

974
Es servicio estrordinario
bajo el jusil y la vara,
sin que sepamos qué cara
le ha dao Dios al comisario.

975
Pues si va a hacer la revista
se vuelve como una bala:
es lo mesmo que luz mala
para perderse de vista.

976
Y de yapa cuando va,
todo parece estudiao:
van con meses atrasaos
de gente que ya no está.

977
pues si adrede que lo hagan,
podrán hacerlo mejor:
cuando cai, cai con la paga
del contingente anterior.

978
porque son como sentencia
para buscar al ausente,
y el pobre que está presente
que perezca en la endigencia;

979
hasta que, tanto aguantar
el rigor con que lo tratan
o se resierta, o lo matan,
o lo largan sin pagar.

980
De ese modo es el pastel,
porque el gaucho -ya es un hecho-
no tiene ningún derecho,
ni naides vuelve por él.

981
¡La gente vive marchita!
Si viera cuando echan tropa:
les vuela a todos la ropa
que parecen banderitas.

982
De todos modos lo cargan,
y al cabo de tanto andar,
cuando lo largan, lo largan
como pa echarse a la mar.

983
Si alguna prenda le han dao
se la vuelven a quitar:
poncho, caballo, recao,
todo tiene que dejar.

984
Y esos pobres infelices,
al volver a su destino,
salen como unos longinos
sin tener con que cubrirse.

985
A mí me daba congojas
el mirarlos de ese modo,
pues el más aviao de todos
es un perejil sin hojas.

986
Aura poco ha sucedido,
con un invierno tan crudo,
largarlos a pie y desnudos
pa volver a su partido.

987
Y tan duro es lo que pasa
que, en aquella situación,
les niegan un mancarrón
para volver a su casa.

988
¡Lo tratan como a un infiel!
Completan su sacrificio
no dándole ni un papel
que acredite su servicio.

989
Y tiene que regresar
más pobre de lo que jué;
por supuesto, a la mercé
del que lo quiere agarrar.

990
Y no averigüe después
de los bienes que dejó:
de hambre, su mujer vendió
por dos lo que vale diez.

991
Y como están convenidos
a jugarle manganeta,
a reclamar no se meta,
porque ése es tiempo perdido.

992
Y luego, si a alguna estancia
a pedir carne se arrima,
al punto le cain encima
con la ley de la vagancia.

993
Y ya es tiempo, pienso yo,
de no dar más contingente:
si el Gobierno quiere gente,
que la pague y se acabó.

994
Y saco así en conclusión,
en medio de mi inorancia,
que aquí el nacer en estancia
es como una maldición.

995
Y digo, aunque no me cuadre
decir lo que naides dijo:
la provincia es una madre
que no defiende a sus hijos.

996
Mueren en alguna loma
en defensa de la ley,
o andan lo mesmo que el güey,
arando pa que otros coman.

997
Y he de decir ansí mismo
porque de adentro me brota
que no tiene patriotismo
quien no cuida al compatriota.


XXVIII

998
Se me va por donde quiera
esta lengua del demonio:
voy a darles testimonio
de lo que vi en la frontera.

999
Yo sé que el único modo,
a fin de pasarlo bien,
ee decir a todo: amén,
y jugarle risa a todo.

1000
El que no tiene colchón
en cualquier parte se tiende;
el gato busca el jogón
y ese es mozo que lo entiende.

1001
De aquí comprenderse debe,
aunque yo hable de este modo,
que uno busca su acomodo
siempre lo mejor que puede.

1002
Lo pasaba como todos
este pobre penitente;
pero salí de asistente,
y mejoré en cierto modo;

1003
pues aunque esas privaciones
causen desesperación,
siempre es mejor el jogón
de aquel que carga galones.

1004
De entonces en adelante
algo logré mejorar,
pues supe hacerme lugar
al lado del Ayudante.

1005
El se daba muchos aires:
pasaba siempre leyendo;
decían que estaba aprendiendo
pa recebirse de flaire.

1006
Aunque lo pifiaban tanto,
jamás lo vi dijustao;
tenía los ojos paraos
como los ojos de un Santo.

1007
Muy delicao, dormía en cuja;
y no sé por qué sería,
la gente lo aborrecía
y le llamaban La Bruja.

1008
Jamás hizo otro servicio
ni tuvo mas comisiones
que recebir las raciones
de víveres y de vicios.

1009
Yo me pasé a su jogón
al punto que me sacó,
y ya con el me llevó
a cumplir su comisión.

1010
Estos diablos de milicos
de todo sacan partido:
cuando nos vían riunidos
se limpiaban los hocicos.

1011
Y decían en los jogones
como por chocarrería:
"Con La Bruja y Picardía
van a andar bien las raciones."

1012
A mí no me jué tan mal,
pues mi Oficial se arreglaba;
les diré lo que pasaba
sobre este particuiar.

1013
Decían que estaba de acuerdo
La Bruja y el provedor,
y que recebía lo pior;
puede ser, pues no era lerdo.

1014
Que a más en la cantidá
pegaba otro dentellón,
y que por cada ración
le entregaban la mitá.

1015
y que esto lo hacía del modo
como lo hace un hombre vivo:
firmando luego el recibo,
ya se sabe, por el todo.

1016
Pero esas murmuraciones
no faltan en campamento.
Déjenme seguir mi cuento,
o historia de las raciones.

1017
La Bruja las recebía,
como se ha dicho, a su modo;
las cargabamos, y todo
se entriega en la mayoría.

1018
Sacan allí en abundancia
lo que les toca sacar,
y es justo que han de dejar
otro tanto de ganancia.

1019
Van luego a la compañía;
las recibe el Comendante,
el que, de un modo abundante,
sacaba cuanto quería.

1020
Ansí la cosa liviana
va mermada, por supuesto;
luego se le entrega el resto
al oficial de semana.
Araña, ¿quien te arañó?
Otra araña como yo.

1021
Este le pasa al sargento
aquello tan reducido,
y, como hombre prevenido,
saca siempre con aumento.

1022
Esta relación no acabo
si otra menudencia ensarto,
el sargento llama al cabo
para encargarle el reparto.

1023
El también saca primero
y no se sabe turbar:
naides le va a aviriguar
si ha sacado más o menos.

1024
Y sufren tanto bocao
y hacen tantas estaciones,
que ya casi no hay raciones
cuando llegan al soldao.

1025
¡Todo es como pan bendito!
Y sucede de ordinario
tener que juatarse varios
para hacer un pucherito.

1026
Dicen que las cosas van
con arreglo a la ordenanza.
¡Puede ser! Pero no alcanzan;
¡Tan poquito es lo que dan!

1027
Algunas veces, yo pienso,
y es muy justo que lo diga,
solo llegaban las migas
que habían quedao en los lienzos.

1028
Y esplican aquel infierno
en que uno está medio loco
diciendo gue dan tan poco
porque no paga el Gobierno.

1029
Pero eso yo no lo entiendo,
ni a aviriguarlo me meto;
soy inorante completo
nada olvido y nada apriendo.

1030
Tiene uno que soportar
el tratamiento mas vil:
a palos en lo civil
a sable en lo militar.

1031
El vistuario es otro infierno;
si lo dan, llega a sus manos
en invierno el de verano,
y en el verano el de invierno.

1032
Y yo el motivo no encuentro
ni la razón que esto tiene,
mas dicen que eso ya viene
arreglao dende adentro.

1033
Y es necesario aguantar
el rigor de su destino;
el gaucho no es argentino
sino pa hacerlo matar.

1034
Ansi ha de ser, no lo dudo;
y por eso decía un tonto:
"Si los han de matar pronto,
mejor es que estén desnudos,"

1035
pues esa miseria vieja
no se remedia jamás;
todo el que viene detrás
como la encuentra la deja.

1036
Y se hallan hombres tan malos
que dicen de güena gana:
"El gaucho es como la lana:
se limpia y compone a palos."

1037
Y es forzoso el soportar
aunque la copa se enllene;
parece que el gaucho tiene
algún pecao que pagar.


XXIX

1038
Esto contó Picardía
y después guardó silencio,
mientras todos celebraban
con placer aquel encuentro.
Mas una casualidá,
como que nunca anda lejos,
entre tanta gente blanca
llevó tambien un moreno,
presumido de cantor
y que se tenía por güeno.
Y como quien no hace nada,
o se descuida de intento,
pues siempre es muy conocido
todo aquel que busca pleito,
se sentó con toda calma,
echo mano al estrumento
y ya le pegó un ragido:
era fantástico el negro;
y para no dejar dudas,
medio se compuso el pecho.
Todo el mundo conoció
la intención de aquel moreno:
era claro el desafío
dirigido a Martín Fierro,
hecho con toda arrogancia,
de un modo muy altanero.
Tomó Fierro la guitarra,
pues siempre se halla dispuesto,
y ansí cantaron los dos,
en medio de un gran silencio:


XXX

MARTÍN FIERRO
1039
Mientras suene el encordao,
mientras encuentre el compás
yo no he de quedarme atrás
sin defender la parada,
y he jurado que jamás
me la han de llevar robada.

1040
Atiendan, pues, los oyentes
y cáyense los mirones;
a todos pido perdones,
pues a la vista resalta
que no está libre de falta
quien no está de tentaciones.

1041
A un cantor le llaman güeno
cuando es mejor que los piores;
y sin ser de los mejores,
encontrándose dos juntos,
es deber de los cantores
el cantar de contrapunto.

1042
El hombre debe mostrarse
cuando la ocasión le llegue;
hace mal el que se niegue,
dende que lo sabe hacer;
y muchos suelen tener
vanagloria en que los rueguen.

1043
Cuando mozo fuí cantor
(es una cosa muy dicha);
mas la suerte se encapricha
y me persigue costante:
de ese tiempo en adelante
canté mis propias desdichas.

1044
Y aquellos años dichosos
trataré de recordar;
veré si puedo olvidar
    
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