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La Vuelta de Martín Fierro
Author Language Character Set
José Hernández Spanish ISO-8859-1


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La Vuelta de Martín Fierro

de José Hernández


Bienos Aires,
Librería del Plata,
Calle Tacuarí 17.

1879.




Cuatro palabras de conversación con los lectores

Entrego á la benevolencia pública, con el título LA VUELTA DE MARTIN
FIERRO, la segunda parte de una obra que ha tenido una acogida tan
generosa, que en seis años se han repetido once ediciones con un total
de cuarenta y ocho mil ejemplares.

Esto no es vanidad de autor, porque no rindo tributo á esa falsa
diosa; ni bombo de Editor, porque no lo he sido nunca de mis humildes
producciones.

Es un recuerdo oportuno y necesario, para esplicar porque el primer
tirage del presente libro consta de 20 mil ejemplares, divididos en
cinco secciones ó ediciones de 4 mil números cada una -y agregaré, que
confio en que el acreditado Establecimiento Tipográfico del Sr. Coni,
hará una impresion esmerada, como la que tienen todos los libros que
salen de sus talleres.

Lleva tambien diez ilustraciones incorporadas en el testo, y creo que
en los dominios de la literatura es la primera vez que una obra sale
de las prensas nacionales con esta mejora.

Así se empieza.

Las láminas han sido dibujadas y calcadas en la piedra por D. Cárlos
Clerice, artista compatriota que llegará á ser notable en su ramo,
porque es jóven, tiene escuela, sentimiento artístico, y amor al
trabajo.

El grabado ha sido ejecutado por el señor Supot, que posée el arte,
nuevo y poco generalizado todavia entre nosotros, de fijar en láminas
metálicas lo que la habilidad del litógrafo ha calcado en la piedra,
creando ó imaginando posiciones que interpreten con claridad y
sentimiento la escena descrita en el verso.

No se ha omitido, pues, ningun sacrificio á fin de hacer una
publicacion en las mas aventajadas condiciones artísticas.

En cuanto á su parte literaria, solo diré que no se debe perder de
vista al juzgar los defectos del libro, que es copia fiel de un
original que los tiene, y repetiré, que muchos defectos están allí
con el objeto de hacer mas evidente y clara la imitacion de los que lo
son en realidad.

Un libro destinado á despertar la inteligencia y el amor á la lectura
en una poblacion casi primitiva, á servir de provechoso recreo,
despues de las fatigosas tareas, á millares de personas que jamás han
leido, debe ajustarse estrictamente á los usos y costumbres de esos
mismos lectores, rendir sus ideas é interpretar sus sentimientos en su
mismo lenguage, en sus frases mas usuales, en su forma mas general,
aunque sea incorrecta; con sus imágenes de mayor relieve, y con sus
giros mas característicos, á fin de que el libro se identifique con
ellos de una manera tan estrecha é intima, que su lectura no sea sino
una continuacion natural de su existencia.

Solo asi pasan sin violencia del trabajo al libro; y solo asi, esa
lectura puede serles amena, interesante y útil.

Ojalá hubiera un libro que gozára del dichoso privilegio de circular
de mano en mano en esa inmensa poblacion diseminada en nuestras vastas
campañas, y que bajo una forma que lo hiciera agradable, que asegurára
su popularidad, sirviera de ameno pasatiempo á sus lectores, pero;-

Enseñando que el trabajo honrado es la fuente principal de toda mejora
y bienestar-

Enalteciendo las virtudes morales que nacen de la ley natural y que
sirven de base á todas las virtudes sociales-

Inculcando en los hombres el sentimiento de veneracion hácia su
Creador, inclinándolos á obrar bien-

Afeando las supersticiones ridículas y generalizadas que nacen de una
deplorable ignorancia-

Tendiendo á regularizar y dulcificar las costumbres, enseñando por
medios hábilmente escondidos, la moderacion y el aprecio de si mismo;
el respeto á los demas; estimulando la fortaleza por el espectáculo
del infortunio acerbo, aconsejando la perseverancia en el bien y la
resignacion en los trabajos-

Recordando á los Padres los deberes que la naturaleza les impone para
con sus hijos, poniendo ante sus ojos los males que produce su olvido,
induciéndolos por ese medio á que mediten y calculen por si mismos
todos los beneficios de su cumplimiento-

Enseñando á los hijos como deben respetar y honrar á los autores de
sus dias-

Fomentando en el esposo el amor á su esposa, recordando á esta los
santos deberes de su estado; encareciendo la felicidad del hogar,
enseñando á todos á tratarse con respeto reciproco, robusteciendo por
todos estos medios los vinculos de la familia y de la sociabilidad-

Afirmando en los ciudadanos el amor á la libertad, sin apartarse del
respeto que es debido á los superiores y magistrados-

Enseñando á hombres con escasas nociones morales, que deben ser
humanos y clementes, caritativos con el huérfano y con el desvalido;
fieles á la amistad; gratos á los favores recibidos; enemigos de la
holgazanería y del vicio; conformes con los cambios de fortuna;
amantes de la verdad, tolerantes, justos y prudentes siempre.

Un libro que todo esto, mas que esto, ó parte de esto enseñara sin
decirlo, sin revelar su pretension, sin dejarla conocer siquiera,
seria indudablemente un buen libro, y por cierto que levantaria el
nivel moral é intelectual de sus lectores aunque dijera naides por
nadie, resertor por desertor, mesmo por mismo, u otros barbarismos
semejantes; cuya enmienda le está reservada á la escuela, llamada á
llenar un vacio que el poema debe respetar, y á corregir vicios y
defectos de fraseologia, que son también elementos de que se debe
apoderar el arte para combatir y estirpar males morales mas
fundamentales y trascendentes, examinándolos bajo el punto de vista
de una filosofia mas elevada y pura.

El progreso de la locucion no es la base del progreso social, y un
libro que se propusiera tan elevados fines, deberia prescindir por
completo de las delicadas formas de la cultura de la frase,
subordinándose á las imperiosas exigencias de sus propósitos
moralizadores, que serían en tal caso, el éxito buscado.

Los personajes colocados en escena deberían hablar en su lenguaje
peculiar y propio, con su originalidad, su gracia y sus defectos
naturales, porque despojados de ese ropaje, lo serían igualmente de
su carácter típico, que es lo único que los hace simpáticos,
conservando la imitacion y la verosimilitud en el fondo y en la forma.

Entra tambien en esta parte la eleccion del prisma á traves del cual
le es permitido á cada uno estudiar sus tiempos. Y aceptando esos
defectos como un elemento, se idealiza tambien, se piensa, se inclina
á los demás á que piensen igualmente, y se agrupan, se preparan y
conservan pequeños monumentos de arte, para los que han de estudiarnos
mañana y levantar el grande monumento de la historia de nuestra
civilizacion.

El gaucho no conoce ni siquiera los elementos de su propio idioma, y
sería una impropiedad cuando menos, y una falta de verdad muy
censurable, que quien no ha abierto jamás un libro, siga las reglas de
arte de Blair, Hermosilla ó la Academia.

El gaucho no aprende á cantar. Su único maestro es la espléndida
naturaleza que en variados y majestuosos panoramas se extiende delante
de sus ojos. Canta porque hay en él cierto impulso moral, algo de
métrico, de rítmico que domina en su organizacion, y que lo lleva
hasta el estraordinario estremo de que, todos sus refranes, sus dichos
agudos, sus proverbios comunes son espresados en dos versos
octosílabos perfectamente medidos, acentuados con inflexible
regularidad, llenos de armonía, de sentimiento y de profunda intencion.

Eso mismo hace muy dificil, sinó de todo punto imposible, distinguir y
separar cuales son los pensamientos originales del autor, y cuales los
que son recojidos de las fuentes populares.

No tengo noticia que exista ni que haya existido una raza de hombres
aproximados á la naturaleza, cuya sabiduria proverbial llene todas las
condiciones rítmicas de nuestros proverbios gauchos.

Qué singular es, y qué digno de observacion, el oir á nuestros
paisanos mas incultos, espresar en dos versos claros y sencillos,
máximas y pensamientos morales que las naciones mas antiguas, la India
y la Persia, conservaban como el tesoro inestimable de su sabiduria
proverbial; que los griegos escuchaban con veneracion de boca de sus
sabios mas profundos, de Sócrates, fundador de la moral, de Platon y
de Aristóteles; que entre los latinos difundió gloriosamente el
afamado Seneca; que los hombres del Norte les dieron lugar preferente
en su robusta y enérgica literatura; que la civilizacion moderna
repite por medio de sus moralistas mas esclarecidos, y que se hallan
consagrados fundamentalmente en los códigos religiosos de todos los
grandes reformadores de la humanidad.

Indudablemente, que hay cierta semejanza íntima, cierta identidad
misteriosa entre todas las razas del globo que solo estudian en el
gran libro de la naturaleza; pues que de él deducen, y vienen
deduciendo desde hace mas de tres mil años, la misma enseñanza, las
mismas virtudes naturales, expresadas en prosa por todos los hombres
del globo, y en versos por los gauchos que habitan las vastas y
fértiles comarcas que se estienden á las dos márgenes del Plata.

El corazon humano y la moral son los mismos en todos los siglos.

Las civilizaciones difieren esencialmente. "Jamás se hará, dice el
doctor Don V. F. Lopez en su prólogo á LAS NEUROSIS, un profesor ó un
catedrático Europeo, de un Bracma"; así debe ser: pero no ofreceria la
misma dificultad el hacer de un gaucho un Bracma lleno de sabiduria;
si es que los Bracmas hacen consistir toda su ciencia en su sabiduria
proverbial, segun los pinta el sabio conservador de la Biblioteca
Nacional de París, en "La sabiduria popular de todas las naciones" que
difundió en el nuevo mundo el americano Pazos Kanki.

Saturados de ese espíritu gaucho, hay entre nosotros algunos poetas de
formas muy cultas y correctas, y no ha de escasear el género, porque
es una produccion legítima y espontánea del pais, y que en verdad, no
se manifiesta únicamente en el terreno florido de la literatura.

Concluyo aquí, dejando á la consideracion de los benévolos lectores,
lo que yo no puedo decir sin estender demasiado este prefacio, poco
necesario en las humildes coplas de un hijo del desierto.

¡Sea el público indulgente con él! Y acepte esta humilde produccion,
que le dedicamos como que es nuestro mejor y mas antiguo amigo.

*       *       *       *       *

La originalidad de un libro debe empezar en el prólogo.

Nadie se sorprenda por lo tanto, ni de la forma ni de los objetos que
este abraza; y debemos terminarlo haciendo público nuestro
agradecimiento hacia los distinguidos escritores que acaban de
honrarnos con su fallo, como el señor D. José Tomás Guido, en una
bellísima carta que acogieron deferentes La Tribuna y La Prensa, y que
reprodujeron en sus columnas varios periódicos de la República. - El
Dr. D. Adolfo Saldias, en un meditado trabajo sobre el tipo histórico
y social del gaucho. - El Dr. D. Miguel Navarro Viola, en la última
entrega de la Biblioteca Popular, estimulándonos, con honrosos
términos, á continuar en la tarea empezada.

Diversos periódicos de la ciudad y campaña, como EL Heraldo, del Azul,
La Patria, de Dolores, El Oeste, de Mercedes, y otros, han adquirido
tambien justos titulos á nuestra gratitud, que conservamos como una
deuda sagrada.

Terminamos esta breve reseña con La Capital, del Rosario, que ha
anunciado LA VUELTA DE MARTIN FIERRO, haciendo concebir esperanzas que
Dios sabe si van á ser satisfechas.

Ciérrase este prólogo diciendo que se llama este libro LA VUELTA DE
MARTIN FIERRO, porque este título le dió el público, antes, mucho
antes de haber yo pensado en escribirlo; y allá va á correr tierras
con mi bendición paternal.

JOSÉ HERNÁNDEZ.




La Vuelta de Martín Fierro


I

MARTÍN FIERRO

396
Atención pido al silencio
y silencio a la atención,
que voy en esta ocasión,
si me ayuda la memoria,
a mostrarles que a mi historia
le faltaba lo mejor.

397
Viene uno como dormido
cuando vuelve del desierto;
veré si a esplicarme acierto
entre gente tan bizzarra
y si al sentir la guitarra
de mi sueño me despierto.

398
Siento que mi pecho tiembla,
que se turba mi razón,
y de la viguela al son
imploro a la alma de un sabio
que venga a mover mi labio
y alentar mi corazón.

399
Si no llego a treinta y una
de fijo en treinta me planto,
y esta confianza adelanto
porque recibí en mi mismo,
con el agua del bautismo,
la facultá para el canto.

400
Tanto el pobre como el rico
la razón me la han de dar;
y si llegan a escuchar
lo que esplicaré a mi modo,
digo que no han de rair todos:
algunos han de llorar.

401
Mucho tiene que contar
el que tuvo que sufrir,
y empezaré por pedir
no duden de cuanto digo;
pues debe creerse al testigo
si no pagan por mentir.

402
Gracias le doy a la virgen,
gracias le doy al Señor,
porque entre tanto rigor
y habiendo perdido tanto,
no perdí mi amor al canto
ni mi voz como cantor.

403
Que cante todo viviente
otorgó el Eterno Padre;
cante todo el que le cuadre
como lo hacemos los dos
pues sólo no tiene voz
el ser que no tiene sangre.

404
Canta el pueblero... Y es pueta;
canta el gaucho... Y, ¡ay Jesús!,
Lo miran como avestruz,
su inorancia los asombra;
mas siempre sirven las sombras
para distinguir la luz.

405
El campo es del inorante,
el pueblo del hombre estruido;
yo que en el campo he nacido
digo que mis cantos son
para los unos... Sonidos,
y para otros... Intención.

406
Yo he conocido cantores
que era un gusto el escuchar;
mas no quieren opinar
y se divierten cantando;
pero yo canto opinando,
que es mi modo de cantar.

407
El que va por esta senda
cuanto sabe desembucha,
y aunque mi cencia no es mucha,
esto en mi favor previene;
yo se el corazón que tiene
el que con gusto me escucha.

408
Lo que pinta este pincel
ni el tiempo lo ha de borrar;
ninguno se ha de animar
a corregirme la plana;
no pinta quien tiene gana
sino quien sabe pintar.

409
Y no piensen los oyentes
que del saber hago alarde;
he conocido aunque tarde,
sin haberme arrepentido,
que es pecado cometido
el decir ciertas verdades.

410
Pero voy en mi camino
y nada me ladiará;
he de decir la verdá;
de naides soy adulón;
aqui no hay imitación;
esta es pura realidá.

411
Y el que me quiera enmendar
mucho tiene que saber;
tiene mucho que aprender
el que me sepa escuchar;
tiene mucho que rumiar
el que me quiera entender.

412
Más que yo y cuantos me oigan,
más que las cosas que tratan,
más que los que ellos relatan,
mis cantos han de durar;
mucho ha habido que mascar
para echar esta bravata.

413

Brotan quejas de mi pecho,
brota un lamento sentido;
y es tanto lo que he sufrido
y males de tal tamaño
que reto a todos los años
a que traigan el olvido.

414
Ya verán si me despierto
cómo se compone el baile;
y no se sorprenda naides
si mayor fuego me anima;
porque quiero alzar la prima
como pa tocar al aire.

415
Y con la cuerda tirante
dende que ese tono elija,
yo no he de aflojar manija
mientras que la voz no pierda,
si no se corta la cuerda
o no cede la clavija.

416
Aunque rompí el estrumento
por no volverme a tentar,
tengo tanto que contar
y cosas de tal calibre,
que Dios quiera que se libre
el que me enseñó a templar.

417
De naides sigo el ejemplo,
naides a dirigirme viene;
yo digo cuanto conviene,
y el que en tal güeya se planta,
debe cantar, cuando canta,
con toda la voz que tiene.

418
He visto rodar la bola
y no se quiere parar;
al fin de tanto rodar
me he decidido a venir
a ver si puedo vivir
y me dejan trabajar.

419
Sé dirigir la mansera
y tambien echar un pial;
sé correr en un rodeo,
trabajar en un corral;
me se sentar en un pértigo
lo mesmo que en un bagual.

420
Y enpriéstenmé su atención
si ansí me quieren honrar
de no, tendré que callar,
pues el pájaro cantor
jamás se para de cantar
en árbol que no da flor.

421
Hay trapitos que golpiar
y de aquí no me levanto;
si quieren que desembuche:
tengo que decirles tanto
que les mando que me escuchen.

422
Déjenmé tomar un trago:
estas son otras cuarenta
mi garganta esta sedienta,
y de esto no me abochorno,
pues el viejo, como el horno,
por la boca se calienta.


II

423
Triste suena mi guitarra
y el sunto lo requiere;
ninguno alegrías espere
sino sentidos lamentos
de aquel que en duros tormentos
nace, crece, vive y muere.

424
Es triste dejar sus pagos
y largarse a tierra ajena
llevándose la alma llena
de tormentos y dolores;
mas nos llevan los rigores
como el pampero a la arena.

425
Irse a cruzar el desierto
lo mesmo que un forajido,
dejando aquí en el olvido,
como dejamos nosotros,
su mujer en brazos de otro
y sus hijitos perdidos.

426
¡Cuantas veces al cruzar
en esa inmensa llanura,
al verse en tal desventura
y tan lejos de los suyos,
se tira uno entre los yuyos
a llorar con amargura!

427
En la orilla de un arroyo
solitario lo pasaba,
en mil cosas cavilaba
y, a una güelta repentina,
se me hacía ver a mi china
o escuchar que me llamaba.

428
Y las aguas serenitas
bebe el pingo trago a trago,
mientras sin ningún halago
pasa uno hasta sin comer,
por pensar en su mujer,
en sus hijos y en su pago.

429
Recordarán que con Cruz
para el desierto tiramos
en la pampa nos entramos,
cayendo, por fin del viaje,
a unos toldos de salvajes,
los primeros que encontramos.

430
La desgracia nos seguía:
llegamos en mal momento;
estaban de parlamento
tratando de una invasión
y el indio en tal ocasión
recela hasta de su aliento.

431
Se armó un tremendo alboroto
cuando nos vieron llegar;
no podiamos aplacar
tan peligroso hervidero;
nos tomaron por bomberos
y nos quisieron lanciar.

432
Nos quitaron los caballos
a los muy pocos minutos;
estaban irresolutos;
¡quién sabe qué pretendían!
Por los ojos nos metían
las lanzas aquellos brutos.

433
Y déle en su lengüeteo
hacer gestos y cabriolas;
uno desató las bolas
y se nos vino enseguida;
ya no créiamos con vida
salvar ni por carambola.

434
Alla no hay misericordia
ni esperanza que tener;
el indio es de parecer
que siempre matar se debe,
pues la sangre que no bebe
le gusta verla correr.

435
Cruz se dispuso a morir
peliando y me convidó.
"Aguantemos", dije yo,
"El fuego hasta que nos queme".
Menos los peligros teme
quien más veces lo venció.

436
Se debe ser mas prudente
cuando el peligro es mayor;
siempre se salva mejor
andando con alvertencia
porque no está la prudencia
reñida con el valor.

437
Vino al fin el lenguaraz
como a trairnos el perdón;
nos dijo: "La salvación
se la deben a un cacique;
me manda que les esplique
que se trata de un malón."

438
"Les ha dicho a los demás
que ustedes quedan cautivos
por si cain algunos vivos
en poder de los cristianos,
rescatar a sus hermanos
con estos dos fugitivos."

439
Volvieron al parlamento
a tratar de sus alianzas,
o tal vez de las matanzas,
y, conforme les detallo,
hicieron cerco a caballo
recostándose en las lanzas.

440
Dentra al centro un indio viejo
y alli a lengüetiar se larga;
¡quién sabe qué les encarga!
Pero toda la riunión
lo escuchó con atención
lo menos tres horas largas.

441
Pegó al fin tres alaridos
y ya principiaba otra danza;
para mostrar su pujanza
y dar pruebas de jinete,
dió riendas rayando el flete
y revoliando la lanza.

442
Recorre luego la fila,
frente a cada indio se para,
lo amenaza cara a cara
y, en su juria, aquel maldito
acompaña con su grito
el cimbrar de la tacuara.

443
Se vuelve aquello un incendio
mas feo que la mesma guerra:
entre una nube de tierra
se hizo allí una mezcolanza
de potros, indios y lanzas,
con alaridos que aterran.

444
Parece un baile de fieras
sigún yo me lo imagino;
era inmenso el remolino,
las voces aterradoras;
hasta que al fin de dos horas
se aplacó aquel torbellino.

445
De noche formaban cerco
y en el centro nos ponían;
para mostrar que querían
quitarnos toda esperanza,
ocho o diez filas de lanzas
alrrededor nos hacían.

446
Allí estaban vigilante
cuidandonos a porfía;
cuando roncar parecían
"Huincá", gritaba cualquiera,
y toda la fila entera
"Huincá", "Huincá", repetía.

447
Pero el indio es dormilón
y tiene un sueño projundo;
es roncador sin segundo
y en tal confianza es su vida,
que ronca a pata tendida
aunque se de güelta el mundo.

448
Nos aviriguaban todo
como aquel que se previene,
porque siempre les conviene
saber las juerzas que andan,
donde estan, quienes las mandan,
que caballos y armas tienen.

449
    
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