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raciones. Domingo Acero (Faltriquera) vagaba por la
sierra del Jubileo, activamente perseguido por la Guardia
[20] civil, que le mató un hombre y aprehendió a otro.
Bartolomé Acero fué el que quemó el registro civil de Lugarnoble,
llevándose en rehenes al alcalde y a dos de los principales
propietarios."
"En Orbajosa reina tranquilidad completa, según carta
[25] que tenemos a la vista, y allí no piensan más que en
trabajar el campo para la próxima cosecha de ajos, que promete
ser magnífica. Los distritos inmediatos sí están infestados
de partidas; pero la brigada Batalla dará buena cuenta de
ellas."
En efecto; Orbajosa estaba tranquila.--Los Aceros, 150
aquella dinastía aguerrida, merecedora, según algunas gentes,
de figurar en el _Romancero_, había tomado por su cuenta la
provincia cercana; pero la insurrección no cundía en el
[5] término de la ciudad episcopal. Creeríase que la cultura
moderna había al fin vencido en su lucha con las levantiscas
costumbres de la gran behetría, y que ésta saboreaba las
delicias de una paz duradera. Y esto es tan cierto, que el
mismo Caballuco, una de las figuras más caracterizadas de
[10] la rebeldía histórica de Orbajosa, decía claramente a todo
el mundo que él no quería _reñir con el Gobierno_ ni _meterse en
danzas_ que podían costarle caras.
Dígase lo que se quiera, el arrebatado carácter de Ramos
había tomado asiento con los años, enfriándose un poco la
[15] fogosidad que con la existencia recibiera de los Caballucos
padres y abuelos, la mejor casta de guerreros que ha asolado
la tierra. Cuéntase además que por aquellos días el nuevo
gobernador de la provincia _celebró una conferencia_ con este
importante personaje, _oyendo de sus labios las mayores
[20] seguridades_ de contribuir al reposo público y evitar toda ocasión
de disturbios. Aseguran fieles testigos que se le veía en
amor y compaña con los militares, partiendo un piñón con
este o el otro sargento en la taberna, y hasta se dijo que le
iban a dar un buen destino en el Ayuntamiento de la capital
[25] de la provincia. ¡Oh! cuán difícil es para el historiador,
que presume de imparcial, depurar la verdad en esto de las
opiniones y pensamientos de los insignes personajes que
han llenado el mundo con su nombre! No sabe uno a qué
atenerse, y la falta de datos ciertos da origen a lamentables
[30] equivocaciones. En presencia de hechos tan culminantes
como la jornada de Brumario, como el saco de Roma por
Borbón, como la ruina de Jerusalén, ¿qué psicólogo, ni qué
historiador podrá determinar los pensamientos que les
precedieron o les siguieron en la cabeza de Bonaparte, Carlos
V y Tito?--¡Responsabilidad inmensa la nuestra! Para 151
librarnos en parte de ella, refiramos palabras, frases y aun
discursos del mismo emperador orbajosense, y de este modo
cada cual formará la opinión que le parezca más acertada.
[5] No cabe duda alguna de que Cristóbal Ramos salió, ya
anochecido, de su casa, y atravesando por la calle del
Condestable, vió tres labriegos que en sendas mulas venían en
dirección contraria a la suya, y preguntándoles que a dó
caminaban, repusieron que a la casa de la señora doña
[10] Perfecta a llevarle varias primicias de frutos de las huertas y
algún dinero de las rentas vencidas. Eran el señor
Pasolargo, un mozo a quien llamaban Frasquito González, y el
tercero, de mediana edad y recia complexión, recibía el
nombre de Vejarruco, aunque el suyo verdadero era José
[15] Esteban Romero. Volvió atrás Caballuco, solicitado por
la buena compañía de aquella gente, con quien tenía franca
y antigua amistad, y entró con ellos en casa de la señora.
Esto ocurría, según los más verosímiles datos, al anochecer,
y dos días después de aquél en que doña Perfecta y Pinzón
[20] hablaron lo que en el anterior capítulo ha podido ver quien
lo ha leído. Entretúvose el gran Ramos dando a Librada
ciertos recados de poca importancia que una vecina confiara
a su buena memoria, y cuando entró en el comedor ya los
tres labriegos antes mencionados y el señor Licurgo, que
[25] asimismo por singular coincidencia estaba presente, habían
entablado conversación sobre asuntos de la cosecha y de la
casa. La señora tenía un humor endiablado; a todo ponía
faltas, y reprendíales ásperamente por la sequía del cielo y
la infecundidad de la tierra, fenómenos de que ellos los
[30] pobrecitos no tenían culpa. Presenciaba la escena el Sr.
Penitenciario. Cuando entró Caballuco, saludóle
afectuosamente el buen canónigo, señalándole un asiento a su lado.
--Aquí está el personaje--dijo la señora con desdén.--¡Parece
mentira que se hable tanto de un hombre de tan
poco valer! Dime, Caballuco, ¿es verdad que te han dado 152
de bofetadas unos soldados esta mañana?
--¡A mí! ¡A mí!--dijo el Centauro levantándose
indignado cual si recibiera el más grosero insulto.
[5] --Así lo han dicho--añadió la señora.--¿No es verdad?
Yo lo creí, porque quien en tan poco se tiene.... Te
escupirán, y tú te creerás honrado con la saliva de los
militares.
--¡Señora!--vociferó Ramos con energía.--Salvo el
[10] respeto que debo a usted, que es mi madre, más que mi
madre, mi señora, mi reina... pues digo que salvo el
respeto que debo a la persona que me ha dado todo lo que
tengo... salvo el respeto....
--¿Qué?... Parece que vas a decir mucho y no dices
[15] nada.
--Pues digo que salvo el respeto, eso de la bofetada es
una calumnia--añadió, expresándose con extraordinaria
dificultad.--Todos hablan de mí, que si entro o si salgo,
que si voy, que si vengo.... Y todo, ¿por qué? Porque
[20] quieren tomarme por figurón para que revuelva el país.
Bien está Pedro en su casa, señoras y caballeros. ¿Que
ha venido la tropa?... malo es; ¿pero qué le vamos a
hacer?... ¿Que han quitado al alcalde y al secretario y
al juez?... malo es; yo quisiera que se levantaran contra
[25] ellos las piedras de Orbajosa; pero di mi palabra al
gobernador, y hasta ahora yo....
Rascóse la cabeza, frunció el adusto ceño, y con lengua
cada vez más torpe, prosiguió así:
--Yo seré bruto, pesado, ignorante, querencioso, testarudo
[30] y todo lo que quieran; pero a caballero no me gana nadie.
--Lástima de Cid Campeador--dijo con el mayor
desprecio doña Perfecta.--¿No cree usted, como yo, señor
Penitenciario, que en Orbajosa no hay ya un solo hombre
que tenga vergüenza?
--Grave opinión es ésa--repuso el capitular, sin mirar 153
a su amiga ni apartar de su barba la mano en que apoyaba
el-meditabundo rostro.--Pero se me figura que este vecindario
ha aceptado con excesiva sumisión el pesado yugo del
[5] militarismo.
Licurgo y los tres labradores reían con toda su alma.
--Cuando los soldados y las autoridades nuevas--dijo
la señora,--nos hayan llevado el último real, después de
deshonrado el pueblo, enviaremos a Madrid, en una urna de
[10] cristal, a todos los valientes de Orbajosa para que los
pongan en el Museo o les enseñen por las calles.
--¡Viva la señora!--exclamó con vivo ademán el que
llamaban Vejarruco.--Lo que ha dicho es como el oro.
No se dirá por mí que no hay valientes, pues no estoy con
[15] los Aceros por aquello de que tiene uno tres hijos y mujer
y puede suceder cualquier estropicio; que si no....
--¿Pero tú no has dado tu palabra al gobernador?--le
preguntó la señora.
--¡Al gobernador!--exclamó el nombrado Frasquito
[20] González.--No hay en todo el país tunante que más merezca
un tiro. Gobernador y Gobierno, todos son lo mismo. El
cura nos predicó el domingo tantas cosas altisonantes sobre
las herejías y ofensas a la religión que hacen en Madrid....
¡Oh! había que oírle.... Al fin dió muchos gritos en el
[25] púlpito, diciendo que la religión ya no tenía defensores.
--Aquí está el gran Cristóbal Ramos--dijo la señora,
dando fuerte palmada en el hombro del Centauro.--Monta
a caballo; se pasea en la plaza y en el camino real, para
llamar la atención de los soldados; venle éstos, se espantan
[30] de la fiera catadura del héroe y echan todos a correr
muertos de miedo.
La señora terminó su frase con una risa exagerada que
se hacía más chocante por el profundo silencio de los que
la oían. Caballuco estaba pálido.
--Señor Pasolargo--continuó la dama, poniéndose seria,--esta 154
noche, cuando vaya usted a su casa, mándeme acá a
su hijo Bartolomé para que se quede aquí. Necesito tener
buena gente en casa; y aun así, bien podrá suceder que el
[5] mejor día amanezcamos mi hija y yo asesinadas.
--¡Señora!--exclamaron todos.
--¡Señora!--gritó Caballuco levantándose.--¿Eso es
broma o qué es?
--Señor Vejarruco, Sr. Pasolargo--continuó la señora,
[10] sin mirar al bravo de la localidad;--no estoy segura en mi
casa. Ningún vecino de Orbajosa lo está, y menos yo.
Vivo con el alma en un hilo. No puedo pegar los ojos en
toda la noche.
--Pero ¿quién, quién se atreverá?...
[15] --Vamos--exclamó Licurgo con ardor,--que yo, viejo
y enfermo, seré capaz de batirme con todo el ejército
español si tocan el pelo de la ropa a la señora....
--Con el Sr. Caballuco--dijo Frasquito González,--basta
y sobra.
[20] --¡Oh! no--repuso doña Perfecta con cruel sarcasmo.--No
ven ustedes que Ramos ha dado su palabra al
Gobernador....
Caballuco volvió a sentarse, y poniendo una pierna sobre
otra, cruzó las manos sobre ellas.
[25] --Me basta un cobarde--añadió implacablemente el
ama,--con tal que no haya dado palabras. Quizás pase
yo por el trance de ver asaltada mi casa, de ver que me
arrancan de los brazos a mi querida hija, de verme
atropellada e insultada del modo más infame....
[30] No pudo continuar. La voz se ahogó en su garganta y
rompió a llorar desconsoladamente.
--¡Señora, por Dios, cálmese usted!... Vamos...
no hay motivo todavía....--dijo precipitadamente y con
semblante y voz de aflicción suma D. Inocencio.--También
es preciso un poquito de resignación para soportar las 155
calamidades que Dios me envía.
--Pero ¿quién... señora? ¿Quién se atreverá a tales
vituperios?--preguntó uno de los cuatro.--Orbajosa toda
[5] se pondría sobre un pie para defender a la señora.
--Pero ¿quién, quién?--repitieron todos.
--Vaya, no la molesten ustedes con preguntas
importunas--dijo con oficiosidad el Penitenciario.--Pueden
retirarse.
[10] --No, no, que se queden--manifestó vivamente la
señora, secando sus lágrimas.--La compañía de mis buenos
servidores es para mí un gran consuelo.
--Maldita sea mi casta--dijo el tío Lucas, dándose un
puñetazo en la rodilla,--si todos estos gatuperios no son
[15] obra del mismísimo sobrino de la señora.
--¿Del hijo de D. Juan Rey?
--Desde que le vi en la estación de Villahorrenda y me
habló con su voz melosilla y sus mimos de hombre cortesano--
manifestó Licurgo,--le tuve por un grandísimo... no
[20] quiero acabar por respeto a la señora.... Pero yo le
conocí... le señalé desde aquel día, y yo no me equivoco.
Sé muy bien, como dijo el otro, que por el hilo se saca el
ovillo, por la muestra se conoce el paño, y por la uña el león.
--No se hable mal en mi presencia de ese desdichado
[25] joven--dijo la de Polentinos severamente.--Por grandes
que sean sus faltas, la caridad nos prohibe hablar de ellas y
darles publicidad.
--Pero la caridad--manifestó D. Inocencio con cierta
energía,--no nos impide precavernos contra los malos; y
[30] de eso se trata. Ya que han decaído tanto los caracteres
y el valor en la desdichada Orbajosa; ya que este pueblo
parece dispuesto a poner la cara para que escupan en ella
cuatro soldados y un cabo, busquemos alguna defensa
uniéndonos.
--Yo me defenderé como pueda--dijo con resignación 156
y cruzando las manos doña Perfecta.--¡Hágase la
voluntad del Señor!
--Tanto ruido para nada.... ¡Por vida de!... ¡En
[5] esta casa son de la piel del miedo!...--exclamó
Caballuco, entre serio y festivo.--No parece sino que el tal D.
Pepito es una _región_ (léase legión) de demonios. No se
asuste usted, señora mía. Mi sobrinillo Juan, que tiene
trece años, guardará la casa, y veremos, sobrino por sobrino,
[10] quién puede más.
--Ya sabemos todos lo que significan tus guapezas y
valentías--replicó la dama.--¡Pobre Ramos, quieres
echártela de bravucón cuando ya se ha visto que no vales
para nada!
[15] Ramos palideció ligeramente, fijando en la señora una
mirada singular en que se confundían el espanto y el respeto.
--Sí, hombre, no me mires así. Ya sabes que no me
asusto de fantasmones. ¿Quieres que te hable de una vez
con claridad? Pues eres un cobarde.
[20] Ramos, moviéndose como el que tiene por diversas partes
de su cuerpo molestas picazones, demostraba gran
desasosiego. Su nariz expelía y recogía el aire como la de un
caballo. Dentro de aquel corpachón combatía consigo
misma por echarse fuera rugiendo y destrozando, una
[25] tormenta, una pasión, una barbaridad. Después de modular
a medias algunas palabras, mascando otras, levantóse y
bramó de esta manera:
--¡Le cortaré la cabeza al Sr. Rey!
--¡Qué desatino! Eres tan bruto como cobarde--dijo
[30] palideciendo la señora.--¿Qué hablas ahí de matar, si yo
no quiero que maten a nadie, y mucho menos a mi sobrino,
persona a quien amo a pesar de sus maldades?
--¡El homicidio! ¡Qué atrocidad!--exclamó el Sr. D.
Inocencio escandalizado.--Ese hombre está loco.
--¡Matar!... La idea tan sólo de un homicidio me 157
horroriza, Caballuco--dijo la señora cerrando los dulces
ojos.--¡Pobre hombre! Desde que has querido mostrar
valentía, has aullado como un lobo carnicero. Vete de
[5] aquí, Ramos; me causas espanto.
--¿No dice la señora que tiene miedo? ¿No dice que
atropellarán la casa, que robarán a la niña?
--Sí, lo temo.
--Y eso lo ha de hacer un solo hombre--dijo Ramos
[10] con desprecio volviendo a sentarse.--Eso lo ha de hacer
D. Pepe Poquita Cosa con sus matemáticas. Hice mal en
decir que le rebanaría el pescuezo. A un muñeco de ese
estambre, se le coge de una oreja y se le echa de remojo en
el río.
[15] --Sí, ríete ahora, bestia. No es mi sobrino solo quien
ha de cometer todos esos desafueros que has mencionado y
que yo temo; pues si fuese él solo no le temería.
Mandaría a Librada que se pusiera en la puerta con una escoba
... y bastaba.... No es él solo, no.
[20] --¿Pues quién?
--Hazte el borrico. ¿No sabes tú que mi sobrino y el
brigadier que manda esa condenada tropa se han
confabulado?...
--¡Confabulado!--exclamó Caballuco demostrando no
[25] entender la palabra.
--Que están de compinche--dijo Licurgo.--Fabulearse
quiere decir estar de compinche. Ya me barruntaba yo lo
que dice la señora.
--Todo se reduce a que el brigadier y los oficiales son
[30] uña y carne de D. José, y lo que él quiera lo quieren esos
soldadotes, y esos soldadotes harán toda clase de atropellos
y barbaridades, porque ese es su oficio.
--Y no tenemos alcalde que nos ampare.
--Ni juez.
--Ni gobernador. Es decir, que estamos a merced de 158
esa infame gentuza.
--Ayer--dijo Vejarruco,--unos soldados se llevaron
engañada a la hija más chica del tío Julián, y la pobre no
[5] se atrevió a volver a su casa; mas la encontraron llorando
y descalza junto a la fuentecilla vieja, recogiendo los
pedazos de la cántara rota.
--¡Pobre D. Gregorio Palomeque! el escribano de
Naharilla Alta--dijo Frasquito.--Estos pillos le robaron todo
[10] el dinero que tenía en su casa. Pero el brigadier, cuando
se lo contaron, contestó que era mentira.
--Tiranos, más tiranos no nacieron de madre--manifestó
el otro.--¡Cuando digo que por punto no estoy con
los Aceros!...
[15] --¿Y qué se sabe de Francisco Acero?--preguntó
mansamente doña Perfecta.--Sentiría que le ocurriera algún
percance. Dígame usted, D. Inocencio, ¿Francisco Acero
no nació en Orbajosa?
--No; él y su hermano son de Villajuán.
[20] --Lo siento por Orbajosa--dijo doña Perfecta.--Esta
pobre ciudad ha entrado en desgracia. ¿Sabe usted si
Francisco Acero dió palabra al gobernador de no molestar
a los pobres soldaditos en sus robos de doncellas, en sus
irreligiosidades, en sus sacrilegios, en sus infames felonías?
[25] Caballuco dió un salto. Ya no se sentía punzado, sino
herido por atroz sablazo. Encendido el rostro y con los
ojos llenos de fuego, gritó de este modo:
--Yo di mi palabra al gobernador, porque el gobernador
me dijo que venían con buen fin.
[30] --Bárbaro, no grites. Habla como la gente y te
escucharemos.
--Yo prometí que ni yo ni ninguno de mis amigos
levantaríamos partidas en tierra de Orbajosa.... A todo el que
ha querido salir porque le retozaba la guerra en el cuerpo,
le he dicho: _Vete con los Aceros, que aquí no nos movemos_. 159
Pero tengo mucha gente honrada, sí señora, y buena, sí
señora, y valiente, sí señora, que está desperdigada por los
caseríos y las aldeas y los arrabales y los montes, cada uno
[5] en su casa, ¿eh? Y en cuanto yo les diga la mitad de media
palabra, ¿eh? ya están todos descolgando las escopetas,
¿eh? y echando a correr a caballo o a pie para ir a donde
yo les mande.... Y no me anden con gramáticas, que si
yo di mi palabra, fué porque la di, y si no salgo es porque
[10] no quiero salir, y si quiero que haya partidas las habrá, y si
no quiero, no; porque yo soy quien soy, el mismo hombre
de siempre, bien lo saben todos.... Y digo otra vez que
no vengan con gramáticas, ¿estamos?... y que no me
digan las cosas al revés, ¿estamos?... y si quieren que
[15] salga me lo declaren con toda la boca abierta, ¿estamos?
... porque para eso nos ha dado Dios la lengua, para
decir esto y aquello. Bien sabe la señora quien soy, así
como bien sé yo que le debo la camisa que me pongo, y el
pan que cómo hoy, y el primer garbanzo que chupé cuando
[20] me despecharon, y la caja en que enterraron a mi padre
cuando murió, y las medicinas y el médico que me pusieron
bueno cuando estuve enfermo; y bien sabe la señora que
si ella me dice: "Caballuco, rómpete la cabeza," voy a aquel
rincón y contra la pared me la rompo; bien sabe la señora
[25] que si ahora dice ella que es de día, yo, aunque vea la
noche, creeré que me equivoco y que es claro día; bien
sabe la señora que ella y su hacienda son antes que mi vida,
y que si delante de mí la pica un mosquito, le perdono
porque es mosquito; bien sabe la señora que la quiero más
[30] que a cuanto hay debajo del sol.... A un hombre de
tanto corazón se le dice: "Caballuco, so animal, haz esto
o lo otro,"... y basta de ritólicas y mete y saca de
palabrejas y sermoncillos al revés y pincha por aquí y pellizca
por allá.
--Vamos, hombre, sosiégate--dijo doña Perfecta con 160
bondad.--Te has sofocado como aquellos oradores
republicanos que venían a predicar aquí la religión libre, el amor
libre y no sé cuántas cosas libres.... Que te traigan un
[5] vaso de agua.
Caballuco hizo con el pañuelo una especie de rodilla,
apretado envoltorio o más bien pelota, y se lo pasó por la
ancha frente y cogote para limpiarse ambas partes,
cubiertas de sudor. Trajéronle un vaso de agua, y el señor
[10] canónigo, con una mansedumbre que cuadraba perfectamente a
su carácter sacerdotal, lo tomó de manos de la criada para
presentárselo y sostener el plato mientras bebía. El agua
se escurría por el gaznate de Caballuco, produciendo un
claqueteo sonoro.
[15] --Ahora tráigame usted otro a mí, señora Librada--dijo
D. Inocencio.--También tengo un poco de fuego dentro.
XXII.
=¡Desperta!=
--Respecto a lo de las partidas--dijo doña Perfecta
cuando concluyeron de beber,--sólo te digo que hagas lo
que tu conciencia te dicte.
[20] --Yo no entiendo de ditados--gritó Ramos.--Haré lo
que sea del gusto de la señora.
--Pues yo no te aconsejaré nada en asunto tan grave--repuso
ella con la circunspección y comedimiento que tan
bien le sentaban.--Eso es muy grave, gravísimo, y yo no
[25] puedo aconsejarte nada.
--Pero el parecer de usted....
--Mi parecer es que abras los ojos y veas, que abras los
oídos y oigas.... Consulta tu corazón... yo te concedo
que tienes un gran corazón.... Consulta a ese juez, a
[30] ese consejero que tanto sabe, y haz lo que él te mande.
Caballuco meditó, pensó todo lo que puede pensar una 161
espada.
--Los de Naharilla Alta--dijo Vejarruco,--nos
contamos ayer y éramos trece, propios para cualquier cosita
[5] mayor.... Pero como temíamos que la señora se
enfadara, no hicimos nada. Es tiempo ya de trasquilar.
--No te preocupes de la trasquila--dijo la señora.--Tiempo
hay. No se dejará de hacer por eso.
--Mis dos muchachos--manifestó Licurgo--riñeron ayer
[10] el uno con el otro, porque uno quería irse con Francisco
Acero y el otro no. Yo les dije: "Despacio, hijos míos,
que todo se andará. Esperad, que tan buen pan hacen
aquí como en Francia."
--Anoche me dijo Roque Pelosmalos--manifestó el tío
[15] Pasolargo,--que en cuanto el Sr. Ramos dijera tanto así,
ya estaban todos con las armas en la mano. ¡Qué lástima
que los dos hermanos Burguillos se hayan ido a labrar las
tierras de Lugarnoble!
--Vaya usted a buscarlos--dijo el ama vivamente.--Sr.
[20] Lucas, proporciónele usted un caballo al tío Pasolargo.
--Yo, si la señora me lo manda, y el señor Ramos también--dijo
Frasquito González,--iré a Villahorrenda a ver
si Robustiano, el guarda de montes y su hermano Pedro
quieren también....
[25] --Me parece buena idea. Robustiano no se atreve a
venir a Orbajosa, porque me debe un piquillo. Puedes
decirle que le perdono los seis duros y medio.... Esta
pobre gente, que tan generosamente sabe sacrificarse por
una buena idea, se contenta con tan poco.... ¿No es
[30] verdad, Sr. D. Inocencio?
--Aquí nuestro buen Ramos--repuso el canónigo,--me
dice que sus amigos están descontentos con él por su
tibieza; pero que en cuanto le vean determinado se
pondrán todos la canana al cinto.
--Pero qué, ¿estás determinado a echarte a la calle?--dijo 162
la señora.--No te he aconsejado yo tal cosa, y si lo
haces es por tu voluntad. Tampoco el Sr. D. Inocencio te
habrá dicho una palabra en este sentido. Pero cuando tú
[5] lo decides así, razones muy poderosas tendrás.... Dime,
Cristóbal, ¿quieres cenar? ¿quieres tomar algo?... con
franqueza....
--En cuanto a que yo aconseje al Sr. Ramos que se eche
al campo--dijo D. Inocencio, mirando por encima de los
[10] cristales de sus anteojos,--razón tiene la señora. Yo,
como sacerdote, no puedo aconsejar tal cosa. Sé que
algunos lo hacen; y aun toman las armas; pero esto me parece
impropio, muy impropio, y no seré yo quien los imite.
Llevo mi escrupulosidad hasta el extremo de no decir una
[15] palabra al Sr. Ramos sobre la peliaguda cuestión de su
levantamiento en armas. Yo sé que Orbajosa lo desea; sé
que le bendecirán todos los habitantes de esta noble ciudad;
sé que vamos a tener aquí hazañas dignas de pasar a la
historia; pero, sin embargo, permítaseme un discreto
[20] silencio.
--Está muy bien dicho--añadió doña Perfecta.--No
me gusta que los sacerdotes se mezclen en tales asuntos.
Un clérigo ilustrado debe conducirse de este modo. Bien
sabemos que en circunstancias solemnes y graves, por
[25] ejemplo, cuando peligran la patria y la fe, están los
sacerdotes en su terreno incitando a los hombres a la lucha y
aun figurando en ella. Pues que Dios mismo ha tomado
parte en célebres batallas, bajo la forma de ángeles o santos,
bien pueden sus ministros hacerlo. Durante la guerra contra
[30] los infieles, ¿cuántos obispos acaudillaron las tropas
castellanas?
--Muchos, y algunos fueron insignes guerreros. Pero
estos tiempos no son como aquellos, señora. Verdad es
que si vamos a mirar atentamente las cosas, la fe peligra
ahora más que antes.... ¿Pues qué representan esos 163
ejércitos que ocupan nuestra ciudad y pueblos inmediatos?
¿qué representan? ¿Son otra cosa más que el infame
instrumento de que se valen para sus pérfidas conquistas
[5] y el exterminio de las creencias, los ateos y protestantes de
que está infestado Madrid?... Bien lo sabemos todos.
En aquel centro de corrupción, de escándalo, de
irreligiosidad y descreimiento, unos cuantos hombres malignos,
comprados por el oro extranjero, se emplean en destruir en
[10] nuestra España la semilla de la fe.... ¿Pues qué creen
ustedes? Nos dejan a nosotros decir misa y a ustedes
oírla por un resto de consideración, por vergüenza... pero
el mejor día.... Por mi parte, estoy tranquilo. Soy un
hombre que no se apura por ningún interés temporal y
[15] mundano. Bien lo sabe la señora doña Perfecta, bien lo
saben todos los que me conocen. Estoy tranquilo y no me
asusta el triunfo de los malvados. Sé muy bien que nos
aguardan días terribles; que cuantos vestimos el hábito
sacerdotal tenemos la vida pendiente de un cabello, porque
[20] España, no lo duden ustedes, presenciará escenas como
aquellas de la revolución francesa, en que perecieron miles
de sacerdotes piadosísimos en un mismo día.... Mas no
me apuro. Cuando toquen a degollar presentaré mi cuello;
ya he vivido bastante. ¿Para qué sirvo yo? Para nada,
[25] para nada.
--Comido de perros me vea yo--exclamó Vejarruco,
mostrando el puño, no menos duro y fuerte que un martillo,--si
no acabamos pronto con toda esa canalla ladrona.
--Dicen que la semana que viene comienza el derribo
[30] de la catedral--indicó Frasquito.
--Supongo que la derribarán con picos y martillos--dijo
el canónigo sonriendo.--Hay artífices que no tienen esas
herramientas, y sin embargo adelantan más edificando.
Bien saben ustedes que, según tradición piadosa, nuestra
hermosa capilla del Sagrario fué derribada por los moros en 164
un mes y reedificada en seguida por los ángeles en una sola
noche.... Dejarles, dejarles que derriben.
--En Madrid, según nos contó la otra noche el cura de
[5] Naharilla--dijo Vejarruco,--ya quedan tan pocas iglesias,
que algunos curas dicen misa en medio de la calle, y como
les aporrean y les dicen injurias y también les escupen,
muchos no la quieren decir.
--Felizmente aquí, hijos míos--manifestó D. Inocencio,--no
[10] hemos tenido aún escenas de esa naturaleza. ¿Por
qué? Porque saben qué clase de gente sois; porque tienen
noticia de vuestra piedad ardiente y de vuestro valor....
No les arriendo la ganancia a los primeros que pongan la
mano en nuestros sacerdotes y en nuestro culto.... Por
[15] supuesto, dicho se está que si no se les ataja a tiempo,
harán diabluras. ¡Pobre España, tan santa y tan humilde
y tan buena! ¡Quién había de decir que llegarían a estos
apurados extremos!... Pero yo sostengo que la
impiedad no triunfará, no señor. Todavía hay gente valerosa,
[20] todavía hay gente de aquella de antaño, ¿no es verdad, Sr.
Ramos?
--Todavía la hay, sí señor--repuso éste.
--Yo tengo una fe ciega en el triunfo de la ley de Dios.
Alguno ha de salir en defensa de ella. Si no son unos,
[25] serán otros. La palma de la victoria, y con ella la gloria
eterna, alguien se la ha de llevar. Los malvados perecerán,
si no hoy mañana. Aquél que va contra la ley de Dios
caerá, no hay remedio. Sea de esta manera, sea de la otra,
ello es que ha de caer. No le salvan ni sus argucias, ni
[30] sus escondites, ni sus artimañas. La mano de Dios está
alzada sobre él y le herirá sin falta. Tengámosle compasión
y deseemos su arrepentimiento... en cuanto a vosotros,
hijos míos, no esperéis que os diga una palabra sobre el
paso que seguramente vais a dar. Sé que sois buenos, sé
que vuestra determinación generosa y el noble fin que os 165
guía lavan toda mancha pecaminosa por causa del
derramamiento de sangre que pudierais recibir; sé que Dios os
bendice, que vuestra victoria, lo mismo que vuestra muerte,
[5] os sublimarán a los ojos de los hombres y a los de Dios; sé
que se os deben palmas y alabanzas y toda suerte de
honores; pero a pesar de esto, hijos míos, mi labio no os
incitará a la pelea. No lo ha hecho nunca ni lo hará ahora.
Obrad con arreglo al ímpetu de vuestro noble corazón. Si
[10] él os manda que os estéis en vuestras casas, estáos en ellas;
si él os manda que salgáis, salid en buen hora. Me resigno
a ser mártir y a inclinar mi cuello ante el verdugo, si esa
miserable tropa continúa aquí. Pero si un impulso hidalgo
y ardiente y pío de los hijos de Orbajosa contribuye a la
[15] grande obra de la extirpación de las desventuras patrias,
me tendré por el más dichoso de los hombres sólo con ser
paisano vuestro; y toda mi vida de estudios, de penitencia,
de resignación, no me parecerá tan meritoria para aspirar
al cielo, como un día solo de vuestro heroísmo.
[20] --¡No se puede decir más y mejor!--exclamó doña
Perfecta arrebatada de entusiasmo.
Caballuco se había inclinado hacia adelante en su asiento,
poniendo los codos sobre las rodillas. Cuando el canónigo
acabó de hablar, tomóle la mano y se la besó con fervor.
[25] --Hombre mejor no ha nacido de madre--dijo el tío
Licurgo enjugando o haciendo que enjugaba una lágrima.
--¡Que viva el señor Penitenciario!--gritó Frasquito
González poniéndose en pie y arrojando hacia el techo su
gorra.
[30] --Silencio--dijo doña Perfecta.--Siéntate, Frasquito.
Tú eres de los de mucho ruido y pocas nueces.
--¡Bendito sea Dios, que le dió a usted ese pico de oro!--exclamó
Cristóbal inflamado de admiración.--¡Qué dos
personas tengo delante! Mientras vivan las dos, ¿para
qué se quiere más mundo?... Toda la gente de España 166
debiera ser así... pero ¡cómo ha de ser así si no hay
más que pillería! En Madrid, que es la corte de donde
vienen leyes y mandarines, todo es latrocinio y farsa.
[5] ¡Pobre religión, cómo la han puesto!... No se ven más
que pecados.... Señora doña Perfecta, señor D.
Inocencio, por el alma de mi padre, por el alma de mi abuelo, por
la salvación de la mía, juro que deseo morir.
--¡Morir!
[10] --Que me maten esos perros tunantes, y digo que me
maten, porque yo no puedo descuartizarlos a ellos. Soy
muy chico.
--Ramos, eres grande--dijo solemnemente la señora.
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