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Doña Perfecta
Author Language Character Set
Benito Pérez Galdós English ISO-8859-1


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si Dios no pone su mano en ello.
[30] Doña Perfecta se puso como la grana. Pero aquella
viva llamarada de su orgullo ofendido y de su pensamiento
descubierto pasó rápidamente dejándola pálida y verdosa.
Sus labios temblaban. Arrojando el cubierto con que
comía, se levantó de súbito. El sobrino se levantó también.    135

--¡Dios mío, Santa Virgen del Socorro!--exclamó la
señora, llevándose ambas manos a la cabeza y
comprimiéndosela según el ademán propio de la desesperación.--¿Es
posible que yo merezca tan atroces insultos? Pepe, hijo
[5]  mío, ¿eres tú el que habla?... Si he hecho lo que dices,
en verdad que soy muy pecadora.

Dejóse caer en el sofá y se cubrió el rostro con las manos.
Pepe, acercándose lentamente a ella, observó el angustioso
sollozar de su tía y las lágrimas que abundantemente
[10] derramaba. A pesar de su convicción no pudo vencer el ligero
enternecimiento que se apoderó de él, y sintiéndose cobarde,
experimentó cierta pena por lo mucho y fuerte que había dicho.

--Querida tía--indicó, poniéndole la mano en el hombro.--Si
me contesta usted con lágrimas y suspiros, me
[15] conmoverá, pero no me convencerá. Razones y no sentimientos
me hacen falta. Hábleme usted, dígame que me equivoco
al pensar lo que pienso, pruébemelo después, y reconoceré
mi error.

--Déjame. Tú no eres hijo de mi hermano. Si lo
[20] fueras no me insultarías como me has insultado. ¿Con que
yo soy una intrigante, una comedianta, una harpía hipócrita,
una diplomática de enredos caseros?...

Al decir esto, la señora había descubierto su rostro y
contemplaba a su sobrino con expresión beatífica. Pepe
[25] estaba perplejo. Las lágrimas, así como la dulce voz de la
hermana de su padre, no podían ser fenómenos
insignificantes para el alma del matemático. Las palabras le
retozaban en la boca para pedir perdón. Hombre de gran
energía por lo común, cualquier accidente de sensibilidad,
[30] cualquier agente que obrase sobre su corazón, le trocaba de
súbito en niño. Achaques de matemático. Dicen que
Newton era también así.

--Yo quiero darte las razones que pides--dijo doña
Perfecta, indicándole que se sentase junto a ella.--Yo
quiero desagraviarte. Para que veas si soy buena, si soy       136
indulgente, si soy humilde.... ¿Crees que te contradiré,
que negaré en absoluto los hechos de que me has acusado?...
Pues no, no los niego.

[5]  El ingeniero se quedó asombrado.

--No los niego--prosiguió la señora.--Lo que niego
es la dañada intención que les atribuyes. ¿Con qué derecho
te metes a juzgar lo que no conoces sino por indicios y
conjeturas? ¿Tienes tú la suprema inteligencia que se
[10] necesita para juzgar de plano las acciones de los demás
y dar sentencia sobre ellas? ¿Eres Dios para conocer las
intenciones?

Pepe se asombró más.

--¿No es lícito emplear alguna vez en la vida medios
[15] indirectos para conseguir un fin bueno y honrado? ¿Con
qué derecho juzgas acciones mías que no comprendes bien?
Yo, querido sobrino, ostentando una sinceridad que tú no
mereces, te confieso que sí, que efectivamente me he valido
de subterfugios para conseguir un fin bueno, para conseguir
[20] lo que al mismo tiempo era beneficioso para ti y para mi
hija.... ¿No comprendes? Parece que estás lelo....
¡Ah! Tu gran entendimiento de matemático y de filósofo
alemán no es capaz de penetrar estas sutilezas de una madre
prudente.

[25] --Es que me asombro más y más cada vez--dijo el
ingeniero.

--Asómbrate todo lo que quieras, pero confiesa tu
barbaridad--manifestó la dama, aumentando en bríos;--reconoce
tu ligereza y brutal comportamiento conmigo, al
[30] acusarme como lo has hecho. Eres un mozalvete sin
experiencia ni otro saber que el de los libros, que nada enseñan
del mundo ni del corazón. Tú de nada entiendes más que
de hacer caminos y muelles. ¡Ay! señorito mío. En el
corazón humano no se entra por los túneles de los ferrocarriles,
ni se baja a sus hondos abismos por los pozos de las           137
minas. No se lee en la conciencia ajena con los microscopios
de los naturalistas, ni se decide la culpabilidad del prójimo
nivelando las ideas con teodolito.

[5]  --¡Por Dios, querida tía!...

--¿Para qué nombras a Dios si no crees en él?--dijo
doña Perfecta con solemne acento.--Si creyeras en él, si
fueras buen cristiano, no aventurarías pérfidos juicios sobre
mi conducta. Yo soy una mujer piadosa, ¿entiendes? Yo
[10] tengo mi conciencia tranquila, ¿entiendes? Yo sé lo que
hago y por qué lo hago, ¿entiendes?

--Entiendo, entiendo, entiendo.

--Dios, en quien tú no crees, ve lo que tú no ves ni
puedes ver, el intento. Y no te digo más; no quiero entrar en
[15] explicaciones largas porque no lo necesito. Tampoco me
entenderías si te dijera que deseaba alcanzar mi objeto sin
escándalo, sin ofender a tu padre, sin ofenderte a ti, sin dar
que hablar a las gentes con una negativa explícita....
Nada de esto te diré, porque tampoco lo entenderás, Pepe.
[20] Eres matemático. Ves lo que tienes delante y nada más;
la naturaleza brutal y nada más; rayas, ángulos, pesos y
nada más. Ves el efecto y no la causa. El que no cree en
Dios no ve causas. Dios es la suprema intención del
mundo. El que le desconoce, necesariamente ha de juzgar
[25] de todo como juzgas tú, a lo tonto. Por ejemplo, en la
tempestad no ve más que destrucción, en el incendio
estragos, en la sequía miseria, en los terremotos desolación, y
sin embargo, orgulloso señorito, en todas esas aparentes
calamidades, hay que buscar la bondad de la intención...
[30] sí señor, la intención siempre buena de quien no puede
hacer nada malo.

Esta embrollada, sutil y mística dialéctica no convenció a
Rey; pero no quiso seguir a su tía por la áspera senda de
tales argumentaciones, y sencillamente le dijo:

--Bueno; yo respeto las intenciones....                        138

--Ahora que pareces reconocer tu error--prosiguió la
piadosa señora, cada vez más valiente,--te haré otra
confesión, y es que voy comprendiendo que hice mal en
[5]  adoptar tal sistema, aunque mi objeto era inmejorable. Dado
tu carácter arrebatado, dada tu incapacidad para
comprenderme, debí abordar la cuestión de frente y decirte:
"sobrino mío, no quiero que seas esposo de mi hija."

--Ese es el lenguaje que debió emplear usted conmigo
[10] desde el primer día--repuso el ingeniero, respirando con
desahogo, como quien se ve libre de enorme peso.--Agradezco
mucho a usted esas palabras. Después de ser acuchillado
en las tinieblas, ese bofetón a la luz del día me
complace mucho.

[15] --Pues te repito el bofetón, sobrino--afirmó la señora
con tanta energía como displicencia.--Ya lo sabes. No
quiero que te cases con Rosario.

Pepe calló. Hubo una larga pausa, durante la cual los
dos estuvieron mirándose atentamente, cual si la cara de cada
[20] uno fuese para el contrario la más perfecta obra del arte.

--¿No entiendes lo que te he dicho?--repitió ella.--Que
se acabó todo, que no hay boda.

--Permítame usted, querida tía--dijo el joven con
entereza,--que no me aterre con la intimación. En el estado
[25] a que han llegado las cosas, la negativa de usted es de
escaso valor para mí.

--¿Qué dices?--gritó fulminante doña Perfecta.

--Lo que usted oye. Me casaré con Rosario.

Doña Perfecta se levantó indignada, majestuosa, terrible.
[30] Su actitud era la del anatema hecho mujer. Rey
permaneció sentado, sereno, valiente, con el valor pasivo de una
creencia profunda y de una resolución inquebrantable. El
desplome de toda la iracundia de su tía, que le amenazaba,
no le hizo pestañear. Él era así.

--Eres un loco. ¡Casarte tú con mi hija, casarte tú con        139
ella, no queriendo yo!...

Los labios trémulos de la señora articularon estas
palabras con el verdadero acento de la tragedia.

[5]  --¡No queriendo usted!... Ella opina de distinto
modo.

--¡No queriendo yo!...--repitió la dama.--Sí, y lo
digo y lo repito: no quiero, no quiero.

--Ella y yo lo deseamos.

[10] --Menguado, ¿acaso no hay en el mundo más que ella
y tú? ¿No hay padres, no hay sociedad, no hay conciencia,
no hay Dios?

--Porque hay sociedad, porque hay conciencia, porque
hay Dios--afirmó gravemente Rey, levantándose y alzando
[15] el brazo y señalando al cielo,--digo y repito que me casaré
con ella.

--¡Miserable, orgulloso! Y si todo lo atropellaras, ¿crees
que no hay leyes para impedir tu violencia?

--Porque hay leyes digo y repito que me casaré con
[20] ella.

--Nada respetas.

--Nada que sea indigno de respeto.

--Y mi autoridad, y mi voluntad, yo... ¿yo no soy
nada?

[25] --Para mí su hija de usted es todo: lo demás nada.

La entereza de Pepe Rey era como los alardes de una
fuerza incontrastable, con perfecta conciencia de sí misma.
Daba golpes secos, contundentes, sin atenuación de ningún
género. Sus palabras parecían, si es permitida la comparación,
[30] una artillería despiadada.

Doña Perfecta cayó de nuevo en el sofá; pero no lloraba,
y una convulsión nerviosa agitaba sus miembros.

--De modo que para este ateo infame--exclamó con
franca rabia,--no hay conveniencias sociales, no hay nada
más que un capricho. Eso es una avaricia indigna. Mi           140
hija es rica.

--Si piensa usted herirme con esa arma sutil,
tergiversando la cuestión e interpretando torcidamente mis
[5]  sentimientos, para lastimar mi dignidad, se equivoca, querida tía.
Llámeme usted avaro. Dios sabe lo que soy.

--No tienes dignidad.

--Ésa es una opinión como otra cualquiera. El mundo
podrá tenerla a usted en olor de infalibilidad. Yo no. Estoy
[10] muy lejos de creer que las sentencias de usted no tengan
apelación ante Dios.

--¿Pero es cierto lo que dices?... ¿Pero insistes
después de mi negativa?... Tú lo atropellas todo, eres
un monstruo, un bandido.

[15] --Soy un hombre.

--¡Un miserable! Acabemos: yo te niego a mi hija,
yo te la niego.

--¡Pues yo la tomaré! No tomo más que lo que es mío.

--Quítate de mi presencia--exclamó la señora, levantándose
[20] de súbito.--Fatuo, ¿crees que mi hija se acuerda de ti?

--Me ama, lo mismo que yo a ella.

--¡Mentira, mentira!

--Ella misma me lo ha dicho. Dispénseme usted si en
esta cuestión doy más fe a la opinión de ella que a la de
[25] su mamá.

--¿Cuándo te lo ha dicho, si no la has visto en muchos
días?

--La he visto anoche y me ha jurado ante el Cristo de la
capilla que sería mi mujer.

[30] --¡Oh escándalo y libertinaje!... ¿Pero qué es esto?
¡Dios mío, qué deshonra!--exclamó doña Perfecta
comprimiéndose otra vez con ambas manos la cabeza y dando
algunos pasos por la habitación.--¿Rosario salió anoche
de su cuarto?

--Salió para verme. Ya era tiempo.                             141

--¡Qué vil conducta la tuya! Has procedido como los
ladrones, has procedido como los seductores adocenados.

--He procedido según la escuela de usted. Mi intención
[5]  era buena.

--¡Y ella bajó!... ¡Ah! lo sospechaba. Esta mañana
al amanecer la sorprendí vestida en su cuarto. Díjome que
había salido no sé a qué.... El verdadero criminal lo
eres tú, tú.... Esto es una deshonra. Pepe, esperaba
[10] todo de ti, menos tan grande ultraje.... Todo acabó.
Márchate. No existes para mí. Te perdono, con tal de
que te vayas.... No diré una palabra de esto a tu padre....
¡Qué horrible egoísmo! No, no hay amor en ti.
¡Tú no amas a mi hija!

[15] --Dios sabe que la adoro, y me basta.

--No pongas a Dios en tus labios, blasfemo, y calla--exclamó
doña Perfecta.--En nombre de Dios, a quien
puedo invocar, porque creo en él, te digo que mi hija no
será jamás tu mujer. Mi hija se salvará, Pepe; mi hija
[20] no puede ser condenada en vida al infierno, porque infierno
es la unión contigo.

--Rosario será mi esposa--repitió el matemático con
patética calma.

Irritábase más la piadosa señora con la energía serena de
[25] su sobrino. Con voz entrecortada habló así:

--No creas que me amedrentan tus amenazas. Sé lo
que digo. Pues qué, ¿se puede atropellar un hogar, una
familia; se puede atropellar la autoridad humana y divina?

--Yo atropellaré todo--dijo el ingeniero, empezando a
[30] perder su calma y expresándose con alguna agitación.

--¡Lo atropellarás todo! ¡Ah! Bien se ve que eres un
bárbaro, un salvaje, un hombre que vive de la violencia.

--No, querida tía. Soy manso, recto, honrado y enemigo
de violencia; pero entre usted y yo, entre usted que es la
ley y yo que soy el destinado a acatarla, está una pobre       142
criatura atormentada, un ángel de Dios sujeto a inicuos
martirios. Este espectáculo, esta injusticia, esta violencia
inaudita es la que convierte mi rectitud en barbarie, mi
[5]  razón en fuerza, mi honradez en violencia parecida a la de
los asesinos y ladrones; este espectáculo, señora mía, es lo
que me impulsa a no respetar la ley de usted, lo que me
impulsa a pasar sobre ella, atropellándolo todo. Esto que
parece un desatino es una ley ineludible. Hago lo que
[10] hacen las sociedades, cuando una brutalidad tan ilógica
como irritante se opone a su marcha. Pasan por encima y
todo lo destrozan con feroz acometida. Tal soy yo en este
momento: yo mismo no me conozco. Era razonable y soy
un bruto: era respetuoso y soy insolente: era culto y me
[15] encuentro salvaje. Usted me ha traído a este horrible
extremo, irritándome y apartándome del camino del bien
por donde tranquilamente iba. ¿De quién es la culpa, mía
o de usted?

--¡Tuya, tuya!

[20] --Ni usted ni yo lo podemos resolver. Creo que ambos
carecemos de razón. En usted violencia e injusticia; en
mí injusticia y violencia. Hemos venido a ser tan bárbaro
el uno como el otro, y luchamos y nos herimos sin compasión.
Dios lo permite así. Mi sangre caerá sobre la
[25] conciencia de usted, la de usted caerá sobre la mía.... Basta
ya, señora. No quiero molestar a usted con palabras
inútiles. Ahora entraremos en los hechos.

--¡En los hechos, bien!--dijo doña Perfecta más bien
rugiendo que hablando.--No creas que en Orbajosa falta
[30] Guardia civil.

--Adiós, señora. Me retiro de esta casa. Creo que nos
volveremos a ver.

--Vete, vete, vete ya--gritó ella señalando la puerta con
enérgico ademán.

Pepe Rey salió. Doña Perfecta, después de pronunciar           143
algunas palabras incoherentes que eran la más clara
expresión de su ira, cayó en un sillón con muestras de cansancio
o de ataque nervioso. Acudieron las criadas.

[5]  --¡Que vayan a llamar al Sr. D. Inocencio!--gritó.--Al
instante... ¡pronto!... ¡que venga!...

Después mordió el pañuelo.




XX

=Rumores.--Temores=

Al día siguiente de esta disputa lamentable, corrieron
por toda Orbajosa de casa en casa, de círculo en círculo,
[10] desde el Casino a la botica, y desde el paseo de las
Descalzas a la puerta de Baidejos, rumores varios sobre Pepe Rey
y su conducta. Todo el mundo los repetía, y los
comentarios iban siendo tantos, que si D. Cayetano los recogiese y
compilase, formaría con ellos un rico _Thesaurum_ de la
[15] benevolencia orbajosense. En medio de la diversidad de
especies que corrían, había conformidad en algunos puntos
culminantes, uno de los cuales era el siguiente:

Que el ingeniero, enfurecido porque doña Perfecta se
negaba a casar a Rosario con un ateo, había _alzado la
[20] mano_ a su tía.

Estaba viviendo el joven en la posada de la viuda de
Cuzco, establecimiento _montado_ como ahora se dice, no a la
altura, sino a la bajeza de los más primorosos atrasos del
país. Visitábale con frecuencia el teniente coronel
[25] Pinzón, para ponerse de acuerdo respecto al enredo que entre
manos traían, y para cuyo eficaz desempeño mostraba el
soldado felices disposiciones. Ideaba a cada instante
nuevas travesuras y artimañas, apresurándose a llevarlas del
pensamiento a la obra con excelente humor, si bien solía
[30] decir a su amigo:

--El papel que estoy haciendo, querido Pepe, no se debe        144
contar entre los más airosos; pero por dar un disgusto a
Orbajosa y su gente, andaría yo a cuatro pies.

No sabemos qué sutiles trazas empleó el ladino militar,
[5]  maestro en ardides del mundo; pero lo cierto es que a los
tres días de alojamiento había logrado hacerse muy
simpático en la casa. Agradaba su trato a doña Perfecta, que no
podía oír sin emoción sus zalameras alabanzas del buen
porte de la casa, de la grandeza, piedad y magnificencia
[10] augusta de la señora. Con D. Inocencio estaba a partir un
confite. Ni la madre, ni el Penitenciario le estorbaban que
hablase a Rosario (a quien se dió libertad después de la
ausencia del feroz primo); y con sus cortesanías
alambicadas, su hábil lisonja y destreza suma, adquirió en la casa
[15] de Polentinos considerable auge y hasta familiaridad. Pero el
objeto de todas sus artes era una criada, que tenía por
nombre Librada, a quien sedujo (castamente hablando)
para que transportase recados y cartitas a Rosario,
fingiéndose enamorado de ésta. No resistió la muchacha al
[20] soborno, realizado con bonitas palabras y mucho dinero,
porque ignoraba la procedencia de las esquelas y el
verdadero sentido de tales líos; pues si llegara a entender que
todo era una nueva diablura de D. José, aunque éste le
gustaba mucho, no hiciera traición a su señora por todo el
[25] dinero del mundo.

Estaban un día en la huerta doña Perfecta, D. Inocencio,
Jacinto y Pinzón. Hablóse de la tropa y de la misión que
traía a Orbajosa, en cuyo tratado el señor Penitenciario
halló tema para condenar la tiránica conducta del Gobierno,
[30] y, sin saber cómo, nombraron a Pepe Rey.

--Todavía está en la posada--dijo el abogadillo.--Le he
visto ayer, y me ha dado memorias para usted, doña Perfecta.

--¿Hase visto mayor insolencia?... ¡Ah! Sr. Pinzón,
no extrañe usted que emplee este lenguaje, tratándose de
un sobrino carnal... ya sabe usted... aquel caballerito        145
que se aposentaba en el cuarto que usted ocupa.

--¡Sí, ya lo sé! No le trato; pero le conozco de vista
y de fama. Es amigo íntimo de nuestro brigadier.

[5]  --¿Amigo íntimo del brigadier?

--Sí, señora, del que manda la brigada que ha venido a
este país, y que se ha repartido entre diferentes pueblos.

--¿Y dónde está?--preguntó la dama.

--En Orbajosa.

[10] --Creo que se aposenta en casa de Polavieja--indicó
Jacinto.

--Su sobrino de usted--continuó Pinzón,--y el
brigadier Batalla son íntimos amigos, se quieren entrañablemente,
y a todas horas se les ve juntos por las calles del pueblo.

[15] --Pues, amiguito, mala idea formo de ese señor jefe--repuso
doña Perfecta.

--Es un... es un infeliz--dijo Pinzón en el tono
propio de quien por respeto no se atreve a aplicar una
calificación dura.

[20] --Mejorando lo presente, Sr. Pinzón, y haciendo una
salvedad honrosísima en honor de usted--afirmó la señora--no
puede negarse que en el ejército español hay cada tipo....

--Nuestro brigadier era un excelente militar antes de
darse al espiritismo....

[25] --¡Al espiritismo!

--¡Esa secta que llama a los fantasmas y duendes por
medio de las patas de las mesas!...--exclamó el
canónigo riendo.

--Por curiosidad, sólo por curiosidad--dijo Jacintillo
[30] con énfasis,--he encargado a Madrid la obra de Allan
Cardec. Bueno es enterarse de todo.

--¿Pero es posible que tales disparates?... ¡Jesús!
Dígame usted, Pinzón, ¿mi sobrino también es de esa secta
de pie de banco?

--Me parece que él fué quien catequizó a nuestro bravo         146
brigadier Batalla.

--¡Pero, Jesús!

--Eso es; y cuando se le antoje--dijo don Inocencio
[5]  sin poder contener la risa--hablará con Sócrates, San
Pablo, Cervántes y Descartes, como hablo yo ahora con
Librada para pedirle un fosforito. ¡Pobre Sr. de Rey!
Bien dije yo que aquella cabeza no estaba buena.

--Por lo demás--continuó Pinzón,--nuestro brigadier
[10] es un buen militar. Si de algo peca es de excesivamente
duro. Toma tan al pie de la letra las órdenes del Gobierno,
que si le contrarían mucho aquí, será capaz de no dejar
piedra sobre piedra en Orbajosa. Sí, les prevengo a
ustedes que estén con cuidado.

[15] --Pero ese monstruo nos va a cortar la cabeza a todos.
¡Ay! Sr. D. Inocencio, estas visitas de la tropa me
recuerdan lo que he leído en la vida de los mártires, cuando se
presentaba un procónsul romano en un pueblo de cristianos....

[20] --No deja de ser exacta la comparación--dijo el[20]
Penitenciario, mirando al militar por encima de las gafas.

--Es un poco triste; pero siendo verdad, debe decirse--manifestó
Pinzón con benevolencia.--Ahora, señores míos,
están ustedes a merced de nosotros.

[25] --Las autoridades del país--objetó Jacinto,--funcionan
aún perfectamente.

--Creo que se equivoca usted--repuso el soldado, cuya
fisonomía observaban con profundo interés la señora y el
Penitenciario.--Hace una hora ha sido destituído el alcalde
[30] de Orbajosa.

--¿Por el gobernador de la provincia?

--El gobernador ha sido sustituído por un delegado del
Gobierno que debió llegar esta mañana. Los
Ayuntamientos todos cesarán hoy. Así lo ha mandado el ministro,
porque temía, no sé con qué motivo, que no prestaban apoyo     147
a la autoridad central.

--Bien, bien estamos--murmuró el canónigo frunciendo
el ceño y echando adelante el labio inferior.

[5]  Doña Perfecta meditaba.

--También han sido quitados algunos jueces de primera
instancia, entre ellos el de Orbajosa.

--¡El juez! ¡Periquito!... ¿Ya no es juez
Periquito?--exclamó doña Perfecta con voz y gesto semejantes
[10] a los de las personas que tienen la desgracia de ser picadas
por una víbora.

--Ya no es juez de Orbajosa el que lo era--dijo Pinzón.--Mañana
vendrá el nuevo.

--¡Un desconocido!

[15] --¡Un desconocido!

--Un tunante quizás.... ¡El otro era tan honrado!...--dijo
la señora con zozobra.--Jamás le pedí cosa alguna
que al punto no me concediera. ¿Sabe usted quién será el
alcalde nuevo?

[20] --Dicen que viene un corregidor.

--Vamos, diga usted de una vez que viene el Diluvio, y
acabaremos--manifestó el canónigo levantándose.

--¿De modo que estamos a merced del señor brigadier?

--Por algunos días, ni más ni menos. No se enfaden
[25] ustedes conmigo. A pesar de mi uniforme, soy enemigo del
militarismo; pero nos mandan pegar... y pegamos. No
puede haber oficio más canalla que el nuestro.

--Sí que lo es, sí que lo es--dijo la señora, disimulando
mal su furor.--Ya que usted lo ha confesado.... Con
[30] que ni alcalde ni juez....

--Ni gobernador de la provincia.

--Que nos quiten también al señor obispo y nos manden
un monaguillo en su lugar.

--Es lo que falta.... Si aquí les dejan hacerlo--
murmuró D. Inocencio, bajando los ojos,--no se pararán         148
en pelillos.

--Y todo es porque se teme el levantamiento de partidas
en Orbajosa--exclamó la señora, cruzando las manos y
[5]  agitándolas de arriba a bajo, desde la barba a las rodillas.
Francamente, Pinzón, no sé cómo no se levantan hasta las
piedras. No le deseo mal ninguno a usted; pero lo justo
sería que el agua que beben ustedes se les convirtiera en
lodo.... ¿Dijo usted que mi sobrino es íntimo amigo del
[10] brigadier?

--Tan íntimo que no se separan en todo el día; fueron
compañeros de colegio. Batalla le quiere como un hermano
y le complace en todo. En su lugar de usted, señora, yo
no estaría tranquilo.

[15] --¡Oh! ¡Dios mío! ¡Temo un atropello!...--exclamó
ella muy desasosegada.

--Señora--afirmó el canónigo con energía.--Antes que
consentir un atropello en esta honrada casa, antes que
consentir el menor vejamen hecho a esta nobilísima familia, yo
[20] ... mi sobrino... los vecinos todos de Orbajosa....

Don Inocencio no concluyó. Su cólera era tan viva, que
se le trababan las palabras en la boca. Dió algunos pasos
marciales, y después se volvió a sentar.

--Me parece que no son vanos esos temores--dijo
[25] Pinzón.--En caso necesario yo....

--Y yo....--repitió Jacinto.

Doña Perfecta había fijado los ojos en la puerta vidriera
del comedor, tras la cual dejóse ver una graciosa figura.
Mirándola, parecía que en el semblante de la señora se
[30] ennegrecían más las sombrías nubes del temor.

--Rosario, pasa aquí, Rosario--dijo saliendo a su
encuentro.--Se me figura que tienes hoy mejor cara y estás
más alegre, sí.... ¿No les parece a ustedes que Rosario
tiene mejor cara? Si parece otra.

Todos convinieron en que tenía retratada en su semblante       149
la más viva felicidad.




XXI

=Desperta, ferro=

Por aquellos días publicaron los periódicos de Madrid
las siguientes noticias:

[5]  "No es cierto que en los alrededores de Orbajosa se haya
levantado partida alguna. Nos escriben de aquella
localidad que el país está tan poco dispuesto a aventuras, que se
considera inútil en aquel punto la presencia de la brigada
Batalla."

[10] "Dícese que la brigada Batalla saldrá de Orbajosa,
porque no hacen falta allí fuerzas del ejército, e irá a Villajuán
de Nahara, donde han aparecido algunas partidas."

"Ya es seguro que los Aceros recorren con algunos
ginetes el término de Villajuán, próximo al distrito judicial de
[15] Orbajosa. El gobernador de la provincia de X... ha
telegrafiado al Gobierno diciendo que Francisco Acero
entró en las Roquetas, donde cobró un semestre y pidió
    
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